jueves, 30 de junio de 2011

Oye, y tú en el trabajo...¿que haces?

Esta es la temible pregunta que inevitablemente llega en las reuniones de familiares, conocidos, amigos -la cuadrilla de siempre, que dicho sea de paso cada vez nos juntamos con menos frecuencia y con menos integrantes (aunque eso, bien mirado, no es de extrañar. Ya entrados en los cuarenta, con hijos, viviendo unos aquí y otros allá, cada uno a sus historias y sus trabajos…aquellas cenas de unas treinta personas en las fiestas de San Pedro, todas con la horrible blusa de la cuadrilla, creo que pasaron definitivamente a la historia. Por cierto, ayer 29 de Junio fue San Pedro, otra vez. Orio en fiestas).

La cosa empeora cuando te preguntan dónde trabajas. “En un centro de investigación, de I+D” contesto. “O sea, que eres investigador… ¿y qué inventas?”. “Pues la verdad es que poca cosa. Eso los americanos, que tienen más dinero y son más listos” digo mientras tomo otro trago de cerveza a ver si cambiamos de tema. (Antes era aún peor: "En Robotiker" decía "¿Y que hacéis, robots?"...¡arg!)
Claro, porque si uno es maestro, pues no hay problema. Y si es camionero, tampoco. O profesor de universidad, o pescador, o empresario, o montador de muebles, o trabajador de una fábrica, como algunos de la cuadrilla. Explicas lo que haces en pocas palabras, y se acabó.

jueves, 14 de abril de 2011

Innovaciones de izquierdas y de derechas

No, esto no va de política. Lo siento. Tiene más que ver con la innovación. Es más o menos la traducción de un post que escribí para SinnoBoK sobre cómo las ideas se generan en nuestro cerebro: Eureka! or how ideas are generated.


Hoy he asistido, dentro del primer Inspiring Day de Tecnalia (hoy dedicado a los de casa, mañana a los clientes), a una conferencia de Alfons Cornellá, de infonomía. Interesante, como todas las suyas, llena de ejemplos de innovaciones de todo tipo en productos, servicios, modelos de negocio...en todo el mundo. Al final, como una de las conclusiones decía que teníamos que utilizar los dos hemisferios de nuestro cerebro para innovar. El análisis y la racionalidad del izquierdo junto con la intuición y creatividad del derecho. Y esto me ha recordado que tenía pendiente de traducir el post antes mencionado, que pone en cuestión precisamente ésta visión de nuestro órgano más importante (¿o  no era éste?). Así que ahí va:

martes, 1 de marzo de 2011

Miedo escénico

Estás a punto de hacer una presentación importante . La gente va entrando en la sala. Tu jefe se sienta enfrente. Los clientes importantes están en segunda fila. El presentador anuncia tu nombre y caminas hacia la tarima. Según te acercas, sientes cómo el corazón te late desenfrenadamente. Un nudo en el estómago, las manos te tiemblan al coger las hojas. La boca seca, empiezas a hablar y te tiembla la voz, te falta el aliento a la vez que te pones rojo. Bienvenido al club.

No es que sea autobiográfico, pero casi. Lo he copiado de un artículo de la Harvard Business School Press: Coping with Stage Fright, de John Daly e Isa Engleberg. La buena noticia es que les pasa a casi todos. Es una reacción natural, normal e incluso beneficiosa. Se trata de la misma reacción (fight or flight) que sentían nuestros ancestros ante una situación de peligro, de vida o muerte: luchar o correr. Ante una situación de estrés, el sistema nervioso simpático nos llena de adrenalina.

lunes, 28 de febrero de 2011

Sugerencias sobre cómo escribir un blog

Me topé con una entrada en Pasión por Innovar, de Aitor Bediaga, que hablaba sobre la utilidad de los blogs en el ámbito de la investigación. Se defiende la utilidad de los blogs, tanto para los investigadores como para los centros de investigación, a pesar de las posibles reticencias: beneficios no claros para el esfuerzo necesario, instrumento poco oficial en el ámbito científico...Podeis consultar su presentación en Slideshare.

Es un tema que me resulta interesante porque, al fin y al cabo, uno es investigador y esto es un blog...pero no quiere ser un blog científico. Lo que me parece más interesante es el final, donde se dan unos consejos sobre cómo escribir blogs. Coincido en general, pero no es la primera vez que me encuentro con la recomendación de "escribir textos breves", que no comparto (bueno, cualquiera que haya leído este blog ya se habrá dado cuenta, je). Sin ir más lejos, mi anterior entrada tenía 1.855 palabras, cuando se habla de un intervalo entre 200 y 500.

lunes, 31 de enero de 2011

Maratón II-Donostia 2010 (II)


Tras darle algunas vueltas al tema, hay algunas conclusiones que puedo extraer de esta mi segunda maratón. Así que allá van.

Epílogo: datos, reflexiones y digresiones
La primera es que el plan de preparación que he seguido este año, sin los largos entrenos de hasta tres horas, es efectivo. Los resultados me lo han demostrado. Ojo, esto no quiere decir que sea más fácil de seguir que el del año pasado, como ya he mencionado en la entrada anterior. Ciertamente es más intenso, más sufrido. Pero al mismo tiempo es más variado, y hasta diría que también más divertido.

La segunda es que las sensaciones engañan. O quizás sea la memoria. Comparando mentalmente las carreras del año pasado y de ésta, yo pensaba –sería más correcto decir que yo sentía- que este año había sufrido más. Que al haber tenido molestias musculares más pronto que el año pasado, me había costado más mantener el ritmo, que había terminado más agotado. Pero resulta que tengo cierta tendencia a guardar los datos y la mejor forma de verlos es mediante gráficas, que siempre me han interesado. Así pues, me he puesto a representar gráficamente el ritmo de ambas carreras, y también el pulso durante las mismas (la de ritmo hay que tomarla con cautela, porque mi pulsímetro no tiene GPS, y hay que ir marcando a mano los pasos por cada Km; y eso suponiendo que estén bien colocados en el recorrido…).

viernes, 21 de enero de 2011

Maraton II-Donostia 2010

Bueno, mi segunda maratón se merece una entrada. Y de hecho la llevo escribiendo a ratos desde hace bastante. Pero entre que siempre encuentro algo que añadir, y que siempre encuentro otras cosas que hacer, pues no la acabo de terminar (entre ellas varias películas que han puesto en televisión y a las que no he podido resistirme, como Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima, El apartamento…) Así que voy a dividirla en dos partes, y aquí va la primera.



El previo: incertidumbre
La disputada en San Sebastian el 28 de Noviembre ha sido mi segunda maratón. Llegaba dos semanas después de la Behobia, de la que hablé en la entrada anterior. La verdad es que no las tenía todas conmigo. Dos semanas es un tiempo algo corto para recuperarse, si se disputan en serio los 20 Km, como yo hice. Lo ideal habría sido hacerlo tres semanas antes, que era precisamente cuando mi tabla de entrenamientos colocaba una media maratón. Además, los resultados no fueron los esperados (1h:32 máximo, decía el plan; 1h:36, dijo mi cuerpo). No sabré si fue porque salí demasiado rápido y eso me pasó factura; porque hizo mal tiempo, sin dejar de llover en todo momento; porque tenía aún encima los restos del catarro que se me ha vuelto habitual por estas fechas; o porque, simplemente, estaba cansado por estar cerca del máximo de entrenamiento de mi plan. Para colmo, el test de 2x6000 cuyos resultados el año pasado me dieron confianza en mis posibilidades, este año tampoco me fueron del todo bien.

También contribuía a la incertidumbre el cambio de plan del año pasado a éste. Aquél fue un plan para acabar la maratón, que ya me parecía bastante. Se trataba de correr cada semana un poco más de distancia, sin fijarse en el reloj. Llegando a un máximo de 30 Km en los entrenos largos de los domingos, tres semanas antes de la carrera. Este año, en cambio, como veterano que era, mi objetivo era mejorar la marca - las casi cuatro horas del año pasado- y dejarla en 3h:30m. Así que busqué un plan para ello en la revista Runners, y me puse al tema. Éste también se basaba en entrenar cuatro días por semana -con más me resultaría difícil de seguir; quiero decir, aún más difícil- pero bastante distintos. Aunque también se va aumentando el kilometraje poco a poco, y los domingos son los entrenamientos más largos, hay un día de series (o dos) y los domingos se corren los progresivos. Cierto que no se llega a las distancias del año pasado, pero no sabría decir si sufría más entonces, cuando me llegué a tirar tres horas corriendo –desde Algorta a Bilbao, por toda la ría; y vuelta- o este año, durante las series asfixiantes, cada semana un poco más rápido, forzando al cuerpo a superar sus límites, o en las escasas dos horas de entrenamientos largos progresivos, siempre in crescendo, lo que provoca unos kilómetros finales que resultan angustiosos. Hay defensores de las distancias largas, con la teoría de que hay que enseñar al cuerpo sometiéndole a condiciones similares a las de un maratón. Y detractores, que dicen que más de dos horas de entrenamiento es inútil, que ningún profesional las hace ya (claro, pero  un profesional en dos horas corre casi los 30 Km que eran para mí interminables, digo yo).  Bueno, este año podré comprobar en carne propia cual de las dos partes tiene razón.

Así que llegaba a la cita un poco preocupado, ¿Habré entrenado suficiente? ¿Me habré pasado con El Plan? ¿Podré mantener el ritmo por debajo de esos 5 minutos/Km durante las tres horas y media? ¿O se me hará demasiado larga la carrera, y acabaré llegando destrozado y sin fuerzas, maldiciendo El Plan, los progresivos, los cuatro meses de entrenamiento, las playeras de 100 € y el día en que se me ocurrió inscribirme otra vez en la maratón? Tenía clara una cosa, que destrozado iba a llegar en cualquier caso y que, si lo hacía por debajo de las 3h:30, iba a ser por poco.

Foto de la organización, recogida del blog Cansamontañas.

Pues allí nos plantamos el día de autos, mi hermano Zigor -que iba a ‘acompañarme’ piadosamente por segundo año, en la que sería su novena maratón- y yo. Aunque intentamos llegar con tiempo, una hora antes de la salida, ya para entonces no quedaban taquillas libres en el velódromo de Anoeta. Otra vez me sorprendió la cantidad de gente que corre maratones. Aunque es verdad que a esta carrera viene a correr gente desde muchas partes de España. Nos cambiamos en los bajos del estadio de Anoeta, en cuyas pistas de atletismo -que tantas veces maldecimos los aficionados de la Real los días de partido- está la meta. Esta mañana amaneció por fin con el suelo seco, cosa rara en este otoño tan lluvioso. Dudamos de si llevar el chubasquero o no. Pasarte tres horas mojado con este frío –hará unos 5 grados- no es muy agradable, pero tampoco llevar un chubasquero a la cintura sin ser necesario. Un último vistazo al cielo antes de elegir la ropa que ponernos. Hay alguna nube, pero esperamos que no llueva demasiado. Decidimos abrigarnos bien para el frío, y confiar en que no llueva. Y acertamos. Apenas nos llovió durante la carrera. A punto estuvimos de llegar tarde a la salida, por la aglomeración que se produjo al dejar las bolsas en consigna (todo el mundo lo hizo a última hora, para no enfriarse esperando; poco sitio para moverse, voluntarios escasos y un sistema de rotulador-etiqueta para marcar las bolsas no muy adecuado). Algo a mejorar para el año que viene. Por fin salimos y nos colocamos delante de la liebre de las 3h:30 y, al poco, se da la salida.

martes, 23 de noviembre de 2010

Behobia/SS 2010

La semana pasada corrí la Behobia-San Sebastian, edición número 46, con más de 20.000 personas inscritas. Miro en casa la camiseta de la primera que corrí, y que conservo como una reliquia...y pone edición numero 30 (o sea, en el año 1994). Ya queda lejos. Es la carrera de esa distancia con mayor participación en España, y una de las más populares de Europa. Ni en grandes ciudades como Barcelona, Valencia se consigue semejante participación. Sin ir más lejos, la Herri Krosa, que se corre en Bilbao sobre 10Km desde hace 23 años, congregó este año a unas 7.000 personas. Sin embargo, en ningún momento sentí una sensación de aglomeración como podía pensarse. La organización ha mejorado, el chip permite salidas escalonadas, los grupos por colores se concentran en zonas distintas y, a la hora de correr, aunque nunca vas sólo, puedes seguir tu ritmo más o menos. La salida es, todavía, el momento peor, hasta que cada uno encuentra su sitio.


Para mí éste año la Behobia es la antesala de la maratón, que llega en dos semanas. Aunque es imposible tomárselo como un simple entrenamiento. Al menos para mí. La carrera, el ambiente que te rodea, los amigos que te encuentras, las ganas de hacerlo bien, el público...hacen que la adrenalina circule e intentes dar el máximo.

Ya no recordaba lo que era el barullo de la zona de salida. Al haber tanta gente, tienes que presentarte con mucha antelación. Dos horas antes ya estábamos, mi hermano y yo, bajando del autobús que nos trajo de Orio. Todavía pronto para cambiarse, y no digamos para calentar. Paseamos de un lado a otro viendo la multitud. Miramos al cielo, no llueve, pero ya lo ha hecho, y tiene toda la pinta de que volverá a hacerlo. La gente hace cola en lo urinarios portátiles que han instalado. Hay muchos, pero parece que no suficientes.

Decidimos quitarnos ya los chandalls y elegir la camiseta. Zigor se pone una sin mangas. Yo la de Tecnalia, claro, pero me pongo una de manga corta por debajo, que saldré media hora más tarde y no quiero pasar frío. Nos ponemos uns plásticos como chubasqueros, que nos darán calor hasta la hora de salida. Entregamos las bolsas en los camiones de la organización. Justo entonces empieza a llover. Y ya no parará en todo el día. No nos queda otra que meternos a cubierto en la gasolinera, con decenas de corredores que esperan a la salida. Charlamos con algún amigo, que si cúanto vas a hacer, que si llevo tantos kilómetros en las piernas, que si el año que viene lo corro más tranquilo, sólo para disfutar...Se va acercando la hora de la salida y nos despedimos, cada uno a lo suyo. Nos veremos en la meta.

Veo la salida oficial como un espectador más. Pasan los favoritos como flechas. Esa no es mi carrera. Corro un poco por la orilla del río Bidasoa, donde reman varios piragüistas. Me fijo en la cantidad de gente que calienta, corriendo en manadas, dando vueltas como en círculos, con los plásticos y las camisetas de colores, sacándose fotos para el recuerdo. Me parece un rito, una celebración multitudinaria a la que asisto como espectador, como si lo viese todo desde fuera. Pero voy a participar. Participo.

La hora de mi salida se acerca. Voy hacia la zona de mi grupo. Son los dorsales blancos, los que no tienen tiempo acreditado, los más lentos, los últimos en salir. Intento colocarme al principio, porque seré -espero- de los más rápidos del grupo. Al menos correré libre al pricipio, pienso. La música ambiente y el speaker te hacen saltar. La gente está de buen humor, a pesar del mal tiempo. Es la culminación de un trabajo de muchos meses. cada uno en su escala, han -hemos- trabajado para hacerlo bien este día. Ponen música movida, que nadie se quede quieto. Recuerdo cosas como el China Girl de David Bowie, Give me Hope de Eddy Grant y el When the Streets Have No Name de U2 (que siempre que lo oigo me recuerda, inevitablemente, el inicio de aquel memorable concierto que les ví en Madrid,  teloneados por Pretenders y UB40). Inevitable acabar saltando. El 'chubasquero' me sobra y lo tiro a un lado. Las cunetas están llenas de plásticos y camisetas que la gente usa mientras calienta y tira antes de salir.


Al dar la salida se libera toda la tensión contenida (que en mi caso debía ser mucha porque, como me daría cuenta  al día siguiente al ver los parciales- hice el primer 5.000 exageradamente rápido; tanto que no lo mejoré en todo el trayecto; vamos, que hasta lo hice el más rápido de Robotike-Tecnalia, aunque al final  Alex me sacó más de 5 minutos). Corremos fuerte, pero al poco rato ya alcanzamos a los de la salida anterior, que salieron 4 minutos antes.


A partir de ahí, toda la carrera sería para mí un poco incómoda, buscando cada poco resquicios por los que pasar para adelantar a los corredores que van más lentos. Ahí si se notan los 20.000 que somos. No pude disfrutar del camino como hubiese querido, de la gente que se agolpaba a los costados y animaba bajo los paraguas.
Perfil de la carrera

De todos modos, recobré viejas sensaciones, recuerdos olvidados por las calles de Irún; la subida a Gaintxurizketa, que hago necesariamente despacio para recuperar el aliento, y donde me pasan como una exhalación los etíopes que salieron detras de todos por un error; los toboganes camino de Lezo, cuyas bajadas me dejarían una agujetas considerables, y donde me pasa alguien de Tecnalia y me anima; veo un tipo en camiseta sin mangas con el todoterreno aparcado en el arcén y la música a todo volumen, agitando un palo enorme sobre nuestras cabezas, con una bandera pirata y la ikurriña juntas mientras nos grita ánimo; el puerto de Pasajes, sorprendentemente lleno de gente por lo que recordaba, y demasiado estrecho para pasar con comodidad, y donde alguien que no conozco -pero que no me importaría conocer- me anima por mi nombre ¡Aupa Iñaki! y me deja un rato descolocado, hasta que caigo en la cuenta de que el nombre va escrito en el dorsal; alcanzo allí a una liebre de 1:40 que salió con los dorsales naranjas, unos ocho minutos antes que yo; la llegada a Donostia por la cuesta de Miracruz, que subí con muchas ganas; ya llevaba rato viendo dorsales azules a mi alrededor, que habían salido once minutos antes; la bajada hacia la Zurriola, aquí voy a dejar lo que me queda; la recta del Kursaal, tengo que aguantar así hasta el final, vamos; el último kilómetro, que dicen que es comparable al de la maratón de Nueva York por el gentío que anima, pero en el que no me fijo casi; el Boulevard, la llegada que ya tiene que estar cerca, pero que no llega, ¿dónde está la meta entre tanta pancarta? el resuello que me falta, que recta más larga ¡por Dios!, los últimos metros, cruzo la meta, recupero el aliento...

Cruzando el Puente de la Zurriola, en la interminable recta de meta.

Sigue lloviendo, me doy cuenta de que estoy mojado de arriba a abajo. No ha parado de llover en toda la carrera, pero ni me he dado cuenta. No tengo frío todavía, pero me apresuro a beber algo y seguir la riada de gente hacia la plaza de Guipúzcoa, donde puedo recoger mi bolsa con ropa seca. Cuando llego ya tengo frío. Mi hermano me espera ya cambiado. Entre que ha hecho un tiempo de 1:24 y que ha salido media hora antes...Nos metemos en un portal donde hay más corredores. Fuera llueve y hace frío. Algún vecino nos felicita al entrar, otro se lo toma a mal y nos echa la bronca. Lo siento, amigo. Pero no hacemos nada malo. Es hora de tomar algo caliente y volver a casa en autobús mientras hablamos de la carrera. Un año más.

Estos son los tiempos de los Robotikeros que hemos participado:
Alex: 1:31:15
Txutxi: 1:33:03
Yo: 1:36:39
Ibon:1:51:43