lunes, 31 de enero de 2011

Maratón II-Donostia 2010 (II)


Tras darle algunas vueltas al tema, hay algunas conclusiones que puedo extraer de esta mi segunda maratón. Así que allá van.

Epílogo: datos, reflexiones y digresiones
La primera es que el plan de preparación que he seguido este año, sin los largos entrenos de hasta tres horas, es efectivo. Los resultados me lo han demostrado. Ojo, esto no quiere decir que sea más fácil de seguir que el del año pasado, como ya he mencionado en la entrada anterior. Ciertamente es más intenso, más sufrido. Pero al mismo tiempo es más variado, y hasta diría que también más divertido.

La segunda es que las sensaciones engañan. O quizás sea la memoria. Comparando mentalmente las carreras del año pasado y de ésta, yo pensaba –sería más correcto decir que yo sentía- que este año había sufrido más. Que al haber tenido molestias musculares más pronto que el año pasado, me había costado más mantener el ritmo, que había terminado más agotado. Pero resulta que tengo cierta tendencia a guardar los datos y la mejor forma de verlos es mediante gráficas, que siempre me han interesado. Así pues, me he puesto a representar gráficamente el ritmo de ambas carreras, y también el pulso durante las mismas (la de ritmo hay que tomarla con cautela, porque mi pulsímetro no tiene GPS, y hay que ir marcando a mano los pasos por cada Km; y eso suponiendo que estén bien colocados en el recorrido…).

viernes, 21 de enero de 2011

Maraton II-Donostia 2010

Bueno, mi segunda maratón se merece una entrada. Y de hecho la llevo escribiendo a ratos desde hace bastante. Pero entre que siempre encuentro algo que añadir, y que siempre encuentro otras cosas que hacer, pues no la acabo de terminar (entre ellas varias películas que han puesto en televisión y a las que no he podido resistirme, como Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima, El apartamento…) Así que voy a dividirla en dos partes, y aquí va la primera.



El previo: incertidumbre
La disputada en San Sebastian el 28 de Noviembre ha sido mi segunda maratón. Llegaba dos semanas después de la Behobia, de la que hablé en la entrada anterior. La verdad es que no las tenía todas conmigo. Dos semanas es un tiempo algo corto para recuperarse, si se disputan en serio los 20 Km, como yo hice. Lo ideal habría sido hacerlo tres semanas antes, que era precisamente cuando mi tabla de entrenamientos colocaba una media maratón. Además, los resultados no fueron los esperados (1h:32 máximo, decía el plan; 1h:36, dijo mi cuerpo). No sabré si fue porque salí demasiado rápido y eso me pasó factura; porque hizo mal tiempo, sin dejar de llover en todo momento; porque tenía aún encima los restos del catarro que se me ha vuelto habitual por estas fechas; o porque, simplemente, estaba cansado por estar cerca del máximo de entrenamiento de mi plan. Para colmo, el test de 2x6000 cuyos resultados el año pasado me dieron confianza en mis posibilidades, este año tampoco me fueron del todo bien.

También contribuía a la incertidumbre el cambio de plan del año pasado a éste. Aquél fue un plan para acabar la maratón, que ya me parecía bastante. Se trataba de correr cada semana un poco más de distancia, sin fijarse en el reloj. Llegando a un máximo de 30 Km en los entrenos largos de los domingos, tres semanas antes de la carrera. Este año, en cambio, como veterano que era, mi objetivo era mejorar la marca - las casi cuatro horas del año pasado- y dejarla en 3h:30m. Así que busqué un plan para ello en la revista Runners, y me puse al tema. Éste también se basaba en entrenar cuatro días por semana -con más me resultaría difícil de seguir; quiero decir, aún más difícil- pero bastante distintos. Aunque también se va aumentando el kilometraje poco a poco, y los domingos son los entrenamientos más largos, hay un día de series (o dos) y los domingos se corren los progresivos. Cierto que no se llega a las distancias del año pasado, pero no sabría decir si sufría más entonces, cuando me llegué a tirar tres horas corriendo –desde Algorta a Bilbao, por toda la ría; y vuelta- o este año, durante las series asfixiantes, cada semana un poco más rápido, forzando al cuerpo a superar sus límites, o en las escasas dos horas de entrenamientos largos progresivos, siempre in crescendo, lo que provoca unos kilómetros finales que resultan angustiosos. Hay defensores de las distancias largas, con la teoría de que hay que enseñar al cuerpo sometiéndole a condiciones similares a las de un maratón. Y detractores, que dicen que más de dos horas de entrenamiento es inútil, que ningún profesional las hace ya (claro, pero  un profesional en dos horas corre casi los 30 Km que eran para mí interminables, digo yo).  Bueno, este año podré comprobar en carne propia cual de las dos partes tiene razón.

Así que llegaba a la cita un poco preocupado, ¿Habré entrenado suficiente? ¿Me habré pasado con El Plan? ¿Podré mantener el ritmo por debajo de esos 5 minutos/Km durante las tres horas y media? ¿O se me hará demasiado larga la carrera, y acabaré llegando destrozado y sin fuerzas, maldiciendo El Plan, los progresivos, los cuatro meses de entrenamiento, las playeras de 100 € y el día en que se me ocurrió inscribirme otra vez en la maratón? Tenía clara una cosa, que destrozado iba a llegar en cualquier caso y que, si lo hacía por debajo de las 3h:30, iba a ser por poco.

Foto de la organización, recogida del blog Cansamontañas.

Pues allí nos plantamos el día de autos, mi hermano Zigor -que iba a ‘acompañarme’ piadosamente por segundo año, en la que sería su novena maratón- y yo. Aunque intentamos llegar con tiempo, una hora antes de la salida, ya para entonces no quedaban taquillas libres en el velódromo de Anoeta. Otra vez me sorprendió la cantidad de gente que corre maratones. Aunque es verdad que a esta carrera viene a correr gente desde muchas partes de España. Nos cambiamos en los bajos del estadio de Anoeta, en cuyas pistas de atletismo -que tantas veces maldecimos los aficionados de la Real los días de partido- está la meta. Esta mañana amaneció por fin con el suelo seco, cosa rara en este otoño tan lluvioso. Dudamos de si llevar el chubasquero o no. Pasarte tres horas mojado con este frío –hará unos 5 grados- no es muy agradable, pero tampoco llevar un chubasquero a la cintura sin ser necesario. Un último vistazo al cielo antes de elegir la ropa que ponernos. Hay alguna nube, pero esperamos que no llueva demasiado. Decidimos abrigarnos bien para el frío, y confiar en que no llueva. Y acertamos. Apenas nos llovió durante la carrera. A punto estuvimos de llegar tarde a la salida, por la aglomeración que se produjo al dejar las bolsas en consigna (todo el mundo lo hizo a última hora, para no enfriarse esperando; poco sitio para moverse, voluntarios escasos y un sistema de rotulador-etiqueta para marcar las bolsas no muy adecuado). Algo a mejorar para el año que viene. Por fin salimos y nos colocamos delante de la liebre de las 3h:30 y, al poco, se da la salida.

martes, 23 de noviembre de 2010

Behobia/SS 2010

La semana pasada corrí la Behobia-San Sebastian, edición número 46, con más de 20.000 personas inscritas. Miro en casa la camiseta de la primera que corrí, y que conservo como una reliquia...y pone edición numero 30 (o sea, en el año 1994). Ya queda lejos. Es la carrera de esa distancia con mayor participación en España, y una de las más populares de Europa. Ni en grandes ciudades como Barcelona, Valencia se consigue semejante participación. Sin ir más lejos, la Herri Krosa, que se corre en Bilbao sobre 10Km desde hace 23 años, congregó este año a unas 7.000 personas. Sin embargo, en ningún momento sentí una sensación de aglomeración como podía pensarse. La organización ha mejorado, el chip permite salidas escalonadas, los grupos por colores se concentran en zonas distintas y, a la hora de correr, aunque nunca vas sólo, puedes seguir tu ritmo más o menos. La salida es, todavía, el momento peor, hasta que cada uno encuentra su sitio.


Para mí éste año la Behobia es la antesala de la maratón, que llega en dos semanas. Aunque es imposible tomárselo como un simple entrenamiento. Al menos para mí. La carrera, el ambiente que te rodea, los amigos que te encuentras, las ganas de hacerlo bien, el público...hacen que la adrenalina circule e intentes dar el máximo.

Ya no recordaba lo que era el barullo de la zona de salida. Al haber tanta gente, tienes que presentarte con mucha antelación. Dos horas antes ya estábamos, mi hermano y yo, bajando del autobús que nos trajo de Orio. Todavía pronto para cambiarse, y no digamos para calentar. Paseamos de un lado a otro viendo la multitud. Miramos al cielo, no llueve, pero ya lo ha hecho, y tiene toda la pinta de que volverá a hacerlo. La gente hace cola en lo urinarios portátiles que han instalado. Hay muchos, pero parece que no suficientes.

Decidimos quitarnos ya los chandalls y elegir la camiseta. Zigor se pone una sin mangas. Yo la de Tecnalia, claro, pero me pongo una de manga corta por debajo, que saldré media hora más tarde y no quiero pasar frío. Nos ponemos uns plásticos como chubasqueros, que nos darán calor hasta la hora de salida. Entregamos las bolsas en los camiones de la organización. Justo entonces empieza a llover. Y ya no parará en todo el día. No nos queda otra que meternos a cubierto en la gasolinera, con decenas de corredores que esperan a la salida. Charlamos con algún amigo, que si cúanto vas a hacer, que si llevo tantos kilómetros en las piernas, que si el año que viene lo corro más tranquilo, sólo para disfutar...Se va acercando la hora de la salida y nos despedimos, cada uno a lo suyo. Nos veremos en la meta.

Veo la salida oficial como un espectador más. Pasan los favoritos como flechas. Esa no es mi carrera. Corro un poco por la orilla del río Bidasoa, donde reman varios piragüistas. Me fijo en la cantidad de gente que calienta, corriendo en manadas, dando vueltas como en círculos, con los plásticos y las camisetas de colores, sacándose fotos para el recuerdo. Me parece un rito, una celebración multitudinaria a la que asisto como espectador, como si lo viese todo desde fuera. Pero voy a participar. Participo.

La hora de mi salida se acerca. Voy hacia la zona de mi grupo. Son los dorsales blancos, los que no tienen tiempo acreditado, los más lentos, los últimos en salir. Intento colocarme al principio, porque seré -espero- de los más rápidos del grupo. Al menos correré libre al pricipio, pienso. La música ambiente y el speaker te hacen saltar. La gente está de buen humor, a pesar del mal tiempo. Es la culminación de un trabajo de muchos meses. cada uno en su escala, han -hemos- trabajado para hacerlo bien este día. Ponen música movida, que nadie se quede quieto. Recuerdo cosas como el China Girl de David Bowie, Give me Hope de Eddy Grant y el When the Streets Have No Name de U2 (que siempre que lo oigo me recuerda, inevitablemente, el inicio de aquel memorable concierto que les ví en Madrid,  teloneados por Pretenders y UB40). Inevitable acabar saltando. El 'chubasquero' me sobra y lo tiro a un lado. Las cunetas están llenas de plásticos y camisetas que la gente usa mientras calienta y tira antes de salir.


Al dar la salida se libera toda la tensión contenida (que en mi caso debía ser mucha porque, como me daría cuenta  al día siguiente al ver los parciales- hice el primer 5.000 exageradamente rápido; tanto que no lo mejoré en todo el trayecto; vamos, que hasta lo hice el más rápido de Robotike-Tecnalia, aunque al final  Alex me sacó más de 5 minutos). Corremos fuerte, pero al poco rato ya alcanzamos a los de la salida anterior, que salieron 4 minutos antes.


A partir de ahí, toda la carrera sería para mí un poco incómoda, buscando cada poco resquicios por los que pasar para adelantar a los corredores que van más lentos. Ahí si se notan los 20.000 que somos. No pude disfrutar del camino como hubiese querido, de la gente que se agolpaba a los costados y animaba bajo los paraguas.
Perfil de la carrera

De todos modos, recobré viejas sensaciones, recuerdos olvidados por las calles de Irún; la subida a Gaintxurizketa, que hago necesariamente despacio para recuperar el aliento, y donde me pasan como una exhalación los etíopes que salieron detras de todos por un error; los toboganes camino de Lezo, cuyas bajadas me dejarían una agujetas considerables, y donde me pasa alguien de Tecnalia y me anima; veo un tipo en camiseta sin mangas con el todoterreno aparcado en el arcén y la música a todo volumen, agitando un palo enorme sobre nuestras cabezas, con una bandera pirata y la ikurriña juntas mientras nos grita ánimo; el puerto de Pasajes, sorprendentemente lleno de gente por lo que recordaba, y demasiado estrecho para pasar con comodidad, y donde alguien que no conozco -pero que no me importaría conocer- me anima por mi nombre ¡Aupa Iñaki! y me deja un rato descolocado, hasta que caigo en la cuenta de que el nombre va escrito en el dorsal; alcanzo allí a una liebre de 1:40 que salió con los dorsales naranjas, unos ocho minutos antes que yo; la llegada a Donostia por la cuesta de Miracruz, que subí con muchas ganas; ya llevaba rato viendo dorsales azules a mi alrededor, que habían salido once minutos antes; la bajada hacia la Zurriola, aquí voy a dejar lo que me queda; la recta del Kursaal, tengo que aguantar así hasta el final, vamos; el último kilómetro, que dicen que es comparable al de la maratón de Nueva York por el gentío que anima, pero en el que no me fijo casi; el Boulevard, la llegada que ya tiene que estar cerca, pero que no llega, ¿dónde está la meta entre tanta pancarta? el resuello que me falta, que recta más larga ¡por Dios!, los últimos metros, cruzo la meta, recupero el aliento...

Cruzando el Puente de la Zurriola, en la interminable recta de meta.

Sigue lloviendo, me doy cuenta de que estoy mojado de arriba a abajo. No ha parado de llover en toda la carrera, pero ni me he dado cuenta. No tengo frío todavía, pero me apresuro a beber algo y seguir la riada de gente hacia la plaza de Guipúzcoa, donde puedo recoger mi bolsa con ropa seca. Cuando llego ya tengo frío. Mi hermano me espera ya cambiado. Entre que ha hecho un tiempo de 1:24 y que ha salido media hora antes...Nos metemos en un portal donde hay más corredores. Fuera llueve y hace frío. Algún vecino nos felicita al entrar, otro se lo toma a mal y nos echa la bronca. Lo siento, amigo. Pero no hacemos nada malo. Es hora de tomar algo caliente y volver a casa en autobús mientras hablamos de la carrera. Un año más.

Estos son los tiempos de los Robotikeros que hemos participado:
Alex: 1:31:15
Txutxi: 1:33:03
Yo: 1:36:39
Ibon:1:51:43


viernes, 12 de noviembre de 2010

Temporada 2

Ha pasado casi un año desde que escribí la última entrada en este blog. No ha sido nada premeditado, más bien todo lo contrario. De hecho, escribí unos cuantos borradores...pero por una cosa u otra, al final no los publicaba. Está claro, como he leído por ahí, que es mucho más sencillo crear un blog que mantenerlo. Pero mucho, mucho. La verdad es que si se tiene un blog, se tiene. Pero tenerlo para esto...

Y mira que ha habido cosas interesantes sobre las que escribir: el retorno de la Real a primera tras tres años de sufrimiento en segunda división; la victoria -por primera vez en la historia- de la selección española en el mundial de Sudáfrica, la de Urdaibai en la Concha -que también es la primera vez- rompiendo los pronósticos que daban al Kaiku de Korta como ganador por segundo año consecutivo...Vaya, veo que sólo recuerdo eventos deportivos.

Pero no sólo de fútbol -y remo- vive el hombre. También hemos continuado viendo las consecuencias de la crisis económica: más gente sin trabajo y en situaciones difíciles en el entorno de uno; la fusión por etapas y con suspense de Tecnalia, con la decisión de la futura sede aún el aire; el final de un proyecto -vitalas- en el que he trabajado intensamente a lo largo de tres años, y que ahora deja paso a otros...

Ah!, y mi segunda maratón, que está a la vuelta de la esquina. Estoy en la semana 15 de 17. O mejor, pensando en ello como una cuenta atrás, en la semana -3. Han sido muchos días de entrenamiento hasta aquí, con algún que otro contratiempo. Espero tener suerte de aquí en adelante y poder disputarla en condiciones. Y que salga tan bien como la primera. Para empezar, este domingo corro la Behobia-San Sebastian. En parte como entrenamiento, y en parte porque me apetecía recuperar esta carrera, que corrí unas pocas veces en los años 90, cuando eran 10.000 los participantes. Ya aquello era como una -bendita- locura, así que imaginaros ahora, con 20.000 corredores. Las salidas escalonadas y los chips hacen que todo esté mejor organizado. Seremos varios los compañeros que la corremos, aunque no será fácil que nos encontremos entre tanta gente.

Bueno, esta vez no prometo nada, que me conozco, pero espero escribir otra vez antes de que pase un año. Además, de algunas de las cosas que he citado arriba, y de otras, me apetece hablar un poquito, con más espacio. Agur.

viernes, 4 de diciembre de 2009

La Maratón

Llegó el día. El domingo, a las nueve de la mañana, en Anoeta, empieza la maratón. Si todo va bien, para éso de la una habremos acabado. Éllas nos van a acompañar, se supone que para darnos ánimo durante la carrera. Para los niños va a ser un pequeño madrugón, pero espero que les encuentren alguna distracción durante las cuatro horas, en las que nos van a ver pasar unas seis veces. Para después de la carrera, hemos quedado para ir a comer a una sidrería de Urnieta, con nuestras respectivas supporters, y otra pareja -un amigo-primo corricolari que va a intentar hacerla en tres horas, tres-. Eso es correr, Unai, y no lo mío.

Recogimos los dorsales el sábado por la tarde. Me sorprendo de que me den una talla S de camiseta, si yo siempre uso una M. "Es lo que has pedido, aquí lo pone" me dicen. Pues vale. Otros se quejan de lo mismo, algo raro pasa. Además, no dejan probarse la camiseta y cambiarla por otra talla si es necesario. Un detalle poco elegante para una prueba internacional, la verdad. Me dicen que además, la camiseta no es ninguna maravilla, ni de una marca reputada. La llamada Feria del corredor se reduce a un stand de Suunto, patrocinador, otro con camisetas de rebajas y alguno más por ahí. Un poco pobre. Será la crisis, digo yo, pero a la hora de cobrar la inscripción -40 euros- no hubo rebaja alguna.



No duermo del todo bien la víspera. Serán los nervios. Al fin y al cabo, aunque durante la semana no me he sentido nervioso, es mi primera maratón. Como siempre, escucho la radio con un auricular en la oreja, me relaja y me ayuda a dormir. Para las seis y media estoy definitivamente despierto. Habrá que desayunar antes de las 7, por si acaso (dos horas antes de la prueba). Recomiendan que sea ligero: yo tomo un café con leche, galletas y fruta. Hala, a despertar a todo el mundo.


El previo

Una hora antes estábamos ya aparcados, y vamos a cambiarnos al Palacio de Deportes, junto al estadio de Anoeta. Yo pensaba que íbamos temprano, pero está todo lleno de gente, las taquillas ocupadas, la mayoría ya cambiados, algunos calentando por la calle. Los servicios con largas colas a la entrada. Buscamos un vestuario que no esté lleno, vuelvo a sentir un olor familiar que hace años que no olía, el del réflex. Lo primero que me llama la atención es la cantidad de gente que corre maratones. ¿De dónde salen todos? ¿Qué les empuja a hacer ésta salvajada? Y también, si es tan interesante ¿por qué a mí no se me había ocurrido hacerlo antes? Me siento parte de un rito, de una celebración. Algo parecido a un concierto, un partido de fútbol de tu equipo...pero con la diferencia que aquí los protagonistas somos cada uno de nosotros.



Todavía no ha aclarado del todo el día. Está muy nublado, y el primer dilema es qué nos vestimos. Yo veo a gente con camiseta de tiras, y me digo "éstos vas a correr muy rápido, y no tienen miedo al frío". La temperatura es baja pero sin exagerar (unos 10º, creo recordar). Vamos, perfecto si no lloviese ni hiciera viento. Yo temo a la lluvia. No quiero estar cuatro horas corriendo con la camiseta mojada, así que el chubasquero me lo llevo. Unos culotes largos y la camiseta de la maratón, fina y de manga larga, y fuera. Zigor prefiere dos camisetas, corta y larga, una encima de otra (él va a correr por debajo de su ritmo, así que mejor que no se enfríe). Y las viseras. Entre que entregamos las bolsas en la consigna y demás, la verdad es que no nos sobra mucho tiempo. Pero no vamos a calentar -hay que ahorrar hasta la última gota de energía, me digo- así que no nos hace falta. Estiramos algo, y cuando vamos para la salida, nos encontramos con la familia, que habían desayunado tranquilamente en un bar cercano mientras tanto. Nos sacamos un par de fotos, y pitando a la salida.

La salida

Cuánta gente. Nos colocamos detrás de la pancarta de las cuatro horas 4:00. La verdad es que detrás nuestro no hay demasiados corredores, casi todos van a correr en menos tiempo que nosotros, !hay que joderse! Pero ¿cuanto corre la gente? (más arriba me sorprendía de cuánta gente corre, ahora me sorprendo de lo mucho que corren). Estoy un poco nervioso, o ansioso por empezar. No parece que vaya a llover por ahora, así que el chubasquero se enrolla y va a la cintura. No conozco a nadie alrededor. Espera, ¿ése de ahí no es Felix Iturbe, el ex-Robotiker y luego fundador y alma máter de B-kin software? Qué pequeño es el mundo. Le saludo. Para ambos es nuestra primera vez, "ya nos veremos por ahí", nos decimos.

Se da la salida, y esperamos impacientes a que los de delante se muevan para empezar a correr. Tardamos unos dos minutos en pasar por la pancarta de salida. Hoy en día, gracias al uso de los chips electrónicos, eso no importa. A cada uno se le calcula su tiempo real y no hay que empujar, ni intentar colarse en las primeras filas para salir antes. ¡Allá vamos! Los primeros pasos no se pueden llamar correr, pero poco a poco se abren huecos, y ya cada uno busca su espacio y coge su ritmo. Hay cuadrillas enteras que ocupan todo el ancho y no te dejan espacio para pasar, así que no hay más remedio que seguirles.  Tranquilo, no hay prisa. Zigor va a mi izquierda. Hemos quedado en empezar entre 5:40 y 5:30, ni más rápido -para no quedarme sin fuerzas demasiado pronto-  ni menos -que tampoco es cuestión de hacer esperar a las damas más de cuatro horas-.

El tema de a qué ritmo correr se merecería un post aparte, pero no soy yo el más indicado para escribirlo. Es la duda que asalta a todos los corredores populares: salgo a mi mejor ritmo posible, pero ¿y si a mitad de carrera estoy muy cansado...tengo que sufrir durante 20 kilómetros? Mejor salgo suave, pero...¿y si resulta que termino fresco como una lechuga? ¿Me tiro de los pelos por haber desperdiciado mi estado de forma y no haber mejorado x minutos mi marca? Bueno, se supone que ni una cosa ni otra, que los entrenamientos y las sensaciones te dicen a qué ritmo puedes correr. El problema es que, si te equivocas, son 42 kilómetros, que son muchos. La revista Runners dedica varios artículos al tema, y yo, aunque tenía más o menos claro que andaría por las cuatro horas, me decidí a hacer un test previo, el famoso 2 x 6000 (el resultado -aunque no es fácil saber si has hecho el test bien o no por cómo está definido en sí mismo- fue que debía ir entre 5:20, siendo optimista y 5:40, tirando a conservador).

Así que, una vez pasado el agobio de la salida y los primeros kilómetros en grupo, intentamos ir a es ritmo. Pero no es fácil. Las sensaciones son buenas (el entrenamiento se nota, gracias a Dios), el tiempo acompaña, y la gente te anima en cada esquina. Vamos fácil, y sin quererlo tendemos a ir más rápido. Si el cuerpo te lo pide, y ves que puedes...pues habrá que dárselo ¿no?. La primera vuelta -de unos 5 Km, que vuelve al estadio- se me pasa sin darme cuenta. Todo es nuevo para mí, la distancia, el circuito urbano, los avituallamientos, la gente que corre. De hecho, casi ni veo a la familia que nos anima tanto en la salida como en la vuelta. Tampoco veo algunos de los carteles que marcan cada kilómetro, así que mis registros son a veces de dos kilómetros, a veces de tres...es que hay muchas cosas en las que fijarse. Además, tampoco es tan importante llevar la cuenta de segundos al milímetro, más que nada es para poder verlo a posteriori.



Recuerdo haber leído a quien recomendaba que es mejor dejar el cronómetro en casa este día, y salir a disfrutar de la carrera. Pues éso debe ser lo que estoy haciendo, entonces. Recuerdo a un grupo de veteranos que llevábamos delante, todos con camisetas blanquiazules a rayas horizontales, donostiarrak. Nos costó un buen rato poder adelantarles, llevaban nuestro mismo ritmo, a pesar de que van hablando entre ellos y haciendo bromas ...y de que nos sacaban unos años. Es curioso cómo recuerdas a la gente que corre contigo. También me viene a la cabeza un corredor grande, que más parecía un remero por las espaldas y las piernas que lucía, con una camiseta que ponía "Sodupe", al que siempre veíamos delante nuestro.

Ya sólo nos quedan las dos vueltas grandes, que van primero hacia Gros y la Zurriola, el paseo de la Concha, llegan hasta los confines de Ibaeta y vuelven al estadio. Unos 18 Km cada una. Me encuentro bien, hemos subido el ritmo sin darnos cuenta, y bajamos de 5:30 varios parciales. No sé a qué se debe, puede que sigamos el ritmo de los que tenemos delante, o que simplemente nos dejemos llevar por las sensaciones. Veo a gente conocida de Algorta animando, no sabía entonces que eran sus mujeres quienes corrían y ellos eran los animadores. Al salir de las calles del centro al Boulevard se nota el viento frío. Yo me remango y des-remango las mangas varias veces durante el recorrido, según siento o no frío. Tengo la impresión de que los avituallamientos se suceden uno tras otro sin parar. La consigna es beber algo en todos ellos, aunque sea un trago de agua o medio vaso de Gatorade. Todos a los que he leído coinciden en que es fundamental beber desde el principio para no deshidratarse, así que,aunque nosea yo de mucho beber, habrá que hacerlo.

El recorrido frente a las playas de Gros y la Concha es la mejor parte. Aunque no estés para mirar el paisaje precisamente, de alguna manera te reconforta.  Llegamos a la zona industrial de Ibaeta, lo peor del recorrido sin duda. No sólo porque es más feo, sino porque tira cuesta arriba -se nota en las piernas-, hay varias rotondas seguidas y no ves dónde se acaba para dar la vuelta. (El tema del recorrido se trata precisamente en una entrada del blog de Antxon Blanco en El Diario Vasco, que analiza el futuro del maratón donostiarra). También hay menos gente en las aceras, claro. Por eso mismo es buen sitio para parar un segundo junto a un seto y hacer éso que llevas unos cuantos kilómetros aguantando: mear (sería ideal saber cuánto conviene beber, lo justo para hidratarse pero que no sobre nada). Tiene gracia que, dado el diseño del recorrido como una especie de estrella de tres puntas (Anoeta-Zurriola-Ibaeta), hay momentos en que te cruzas con los que van delante o detrás tuyo. Es entonces donde ves la cabeza de carrera, o los grupos de corredores que se amontonan tras los carteles de las liebres (2h:30; 3h:00; 3h:30...). Cada vez que me los cruzaba pensaba en qué clase de gente es ésa que puede correr tanto y tan rápido por pura afición. Zigor grita a su amigo Unai, que va con los de tres horas, en dirección contraria a la nuestra. No sé cómo puede conocer a nadie entre tanto corredor.



La cosa es que entre bebe aquí, pulsa allá, y mira cómo va aquél, estamos en el centro de Donostia y de allí vamos hacia Anoeta otra vez. No sé si los kilómetros por las calles del centro son más cortos o qué, pero volvemos a acelerar un ritmo que habíamos perdido en el desierto de Ibaeta (seguro que éso tiene más que ver con los ánimos del público que se agolpa en mayor número en las calles de ese tramo). Un nuevo encuentro fugaz con los ánimos de la familia y pasamos por la alfombra de la media maratón como flechas, en 1h:57 minutos. Yo no me paro a hacer cuentas, eso se lo dejo a él, que para eso lleva 7 maratones y va sobrado. Yo me ahorro hasta la energía de pensar, por si acaso. Pregunto a Zigor: "¿qué, vamos bien para las cuatro horas?". "Cojonudo, no hay problema" me dice. Yo no las tengo todas conmigo, no sé cómo acabará la cosa. "Bueno, la mitad ya está", pienso, "no estoy mal para llevar dos horas corriendo". Pero sé que el problema, en todo caso,  no está aquí sino unos 10 kilómetros más adelante.

La segunda mitad

En la salida nos preguntábamos si el ganador nos doblaría, y llegamos a la conclusión de que no era posible, que íbamos a pasar la media maratón en unas dos horas, antes de que él llegara al final. ¡Vaya par de listillos! Cuando sentimos los coches y las motos de la organización, pitando detrás de nosotros, nos damos cuenta de que el circuito no son dos vueltas, sino más. Y por supuesto que nos dobla. En la larga curva del pase de Errondo, que lleva al Estadio, nos arrimamos a la izquierda, al lado del bordillo, mientras seguimos corriendo mirando para atrás. Los gritos de ánimo se acercan cada vez más, y vemos pasar a Rafael Iglesias con cara de sufrimiento, pero como una exhalación. Le aplaudimos y le damos gritos de ánimo.Va a tal velocidad que enseguida le perdemos de vista. Es como de otra galaxia. Él va por su kilómetro 40, corriendo en solitario, sin liebres desde el 14. Haría marca personal y mejor marca nacional del 2009, con 2h10:44. Tres semanas después de haberse llevado también la Behobia. Ahí queda eso.

Nosotros a lo nuestro. Aunque me parece que algo nos contagió, porque le parcial que hicimos entre los Km 20 y 25 fué el más rápido de la carrera (27:11). Pasar por el estadio y pisar el tartán es una sensación agradable, te dices a tí mismo "sólo me queda una vuelta, y la siguiente vez entraré al estadio para llegar a meta". Otra vez pasamos por el centro. Hemos hablado de dejar los chubasqueros a la familia, ya no creemos que llueva. No es que molesten mucho -casi ni nos hemos dado cuenta hasta ahora que los llevábamos anudados a la cintura- pero cuantas menos molestias a partir de ahora mejor. Cuando paramos para dárselos, nos dicen que Unai está en el hospital, con un esguince de tobillo provocado al pisar una botella de agua en un avituallamiento. ¡Vaya faena! No sólo tiene que retirarse, sino que encima se lesiona. Ni siquiera sabíamos entonces si le veríamos luego en la comida. Parece que la organización tampoco se esmeró mucho cuando le vieron gritando de dolor en la acera. Aquí, como en tantos sitios, si no te quejas, ni caso.

Hasta el Km 30,  después de pasar otra vez por la Zurriola y llegar a La Concha, todo va bien. Recuerdo que íbamos detrás de una pareja joven, él corría desde el principio, ella se le unió en algún momento al pasar por el centro. Llevaba plátanos y una botella de agua para él. A eso se le llama apoyar ¿eh?. Recuerdo que le comenté a Zigor que ya empezaban las molestias en las piernas. Yo tenía la idea de que si me encontraba bien hacia el Km 30, podríamos ir algo más rápido hasta el final. Pero llegado el momento, pensé que mejor esperar al Km 35. Todavía nos quedaba más de una hora de carrera, y los finales de mis entrenamientos largos habían sido terribles, a pesar de ir bastante más despacio. Y luego estaba el muro, ese momento terrible en que se te acaban las energías, que se dice que aparece entre los Km 30 y 35, y que se asocia con el agotamiento del glucógeno y a tener que hacer uso de la grasa -menos eficiente- como combustible para continuar corriendo. Pero hoy me parece diferente. Ha sido diferente desde el principio. No sé lo que pasará, pero no creo que hoy choque contra el muro. Para eso ha tenido que servir el entrenamiento, la reducción progresiva, la carga de carbohidratos durante la última semana...y los geles de glucosa que Zigor ha traído. Nos tomamos uno a medias, y yo como un trozo de manzana durante el avituallamiento. "El otro más adelante, aún es pronto" me dice. Amén.

Al principio de la carrera hablábamos cada poco, comentábamos cosas que veíamos, esto o aquello. A partir de ahora las ganas de hablar van a ser cada vez menos. La zona del Antiguo-Ibaeta se me hace un poco difícil de pasar esta segunda vez.. Las piernas pesan cada vez más. Los pequeños desniveles no ayudan. La pareja hace un rato que la hemos perdido de vista, lo mismo que un corredor menudo, con las mangas de color naranja, que vino de atrás, compartió con nosotros una botella y corrió a nuestro lado un buen rato. A mí me parece que vamos como antes, sólo que un poco más jodidos, pero el reloj dice lo contrario.

Damos la vuelta en Ibaeta, Km 35, y ya no quedan más virajes. Vamos directos desde aquí hasta el final, es un alivio. Zigor abre el último tubo de combustible, dulce como él solo, cuesta tragarlo y respirar a la vez. "Lo podías haber abierto antes del avituallamiento, y no después" le digo. Habrá que esperar al siguiente para beber un trago. ¿Quién había dicho que a los 35 Km íbamos a cambiar de ritmo? Mejor, vamos a esperar a los 3 últimos Km, por ahora con aguantar ya me vale. Subimos un repecho y estamos en La Concha por última vez. Esta vez no veo a mi amigo Gimeno, que en la primera vuelta nos animó al pasar. Ahora me vendría bien. Me duelen los muslos. Es una sensación distinta a la de los entrenamientos, entonces me dolían más los gemelos; no es agotamiento, pero sí una molestia creciente. Intento buscar cada cartel de kilómetro con antelación, es como una necesidad, Km 37, Km 38... pulso el cronómetro pero no miro el tiempo. Sólo calculo los kilómetros que faltan: 5 Km para el final, 4 Km...Apenas hablo, me concentro en correr, en olvidarme del dolor. Ya llevamos tres horas y media corriendo, jamás en mi vida he corrido tanto. No hay muro que valga, voy a acabarla. Esto es una maratón, ¡joder!





El paso por el centro -deben ser sobre las 12:30 de la mañana- está lleno de gente. Nos animan al pasar, y se agradece. Aprietas los dientes, respiras hondo y corres lo mejor que puedes para intentar corresponderles, no hay otra forma. El Km 40 en el paseo de Errondo. Por aquí nos dobló el ganador, que lleva hora y media descansando, mientras nosotros seguimos aquí, todavía corriendo. Algún mérito tenemos también. Desde aquí al final las aceras están llenas, y gracias a los ánimos del público y a que ves el final cerca, tu esfuerzo no decae. El último avituallamiento nos lo saltamos, ya no es necesario, ya sólo queremos acabar cuanto antes.

Entramos en la zona del estadio, último kilómetro. Bueno, esta vez sí, vamos a dar lo que nos quede dentro, acelero el paso, Zigor al lado. No sé que habría pasado si llego a hacer la carrera solo. Seguramente sufriría más, e iría más despacio. La vuelta exterior al miniestadio se hace larga y corta a la vez, cuesta mucho, pero ya no importa, ya estamos. Vamos pasando gente que no tiene fuerza, o ganas, para cambiar de ritmo. Entramos al estadio, la meta está ahí enfrente. Hay poco público ya, me extraña, pero es normal si tienes en cuenta que de los 2.400 corredores que van a terminar la carrera hoy, más de 2.000 han acabado delante de nosotros, el 87%. Al dar la curva vemos a la familia gritando en las gradas. Saludamos, se agradece el apoyo de lo más cercanos, éllos saben lo que te ha costado llegar hasta aquí, que no son sólo estas cuatro horas. Zigor(*) sonríe, yo levanto el brazo en la llegada, orgulloso. Al cruzar la línea y parar, siento cómo las piernas me queman. Le doy la mano. Está hecho. Ya soy un maratoniano.

 (*) Su crónica de la carrera, la encontrareis entre los comentarios de correr x correr



sábado, 28 de noviembre de 2009

Semana 16/16: La suerte está echada

Estoy escribiendo esto mientras veo un capítulo de Caso Abierto. Debería irme a la cama ya, pero este capítulo lleva canciones de Bruce Springsteen, una detrás de otra, y no puedo hacerle un feo al Boss. La historia va sobre cuatro amigos, dos parejas, que van en un descapotable precioso. Luego las cosas se complican, hay una boda con embarazo, una separación triste, cruce de parejas, negocios ilegales, matones, robos de coches...No puede ser más Springsteeniano.

Es una de las series que me acompañan tras los entrenamientos, que últimamente hago de noche, un poco tarde. Así que suelo acabar de estirar, ducharme y cenar -no siempre en ése orden- a las tantas. También suelo ver Sin rastro. Las dos producidas por Jerry Bruckeimer (que tendrá el tipo que acierta tanto con casi todo lo que produce) o Bones, de la que me gustaba sobre todo la tensión sexual entre los dos protagonistas. Últimamente también me atrae Miénteme, con sus paranoias de si lo que se dice con las palabras es desmentido o confirmado por los gestos, menudo lío ser un experto...

Bueno, que ha llegado la última semana. Ya casi no se entrena (salir y volver antes de media hora, pero ¿qué entrenamiento es ése? Si no da tiempo a sudar). Dos días suaves de 5-6 Km y eso es todo. La suerte está echada. Lo que tenga que ser el domingo, será. No se puede hacer más ahora.

Han sido 16 semanas de entrenamiento (bueno, en realidad me colé y empecé una antes, así que han sido finalmente 17), empezando con la vacaciones de Agosto. Cuatro meses completos. Cuatro días por semana. Empezando con 24 Km semanales y subiendo hasta los 58 Km en la semana 13. Un total de 671 Km. 68 días de entrenamiento,  de calor, de viento, de lluvia, de frío. Entrenamientos de mañana (sobre todo los domingos), de tarde y de noche.




He corrido en Getxo, en Orio, en la Costa del Maresme durante las vacaciones. He corrido por París, por Munich, por Bruselas y hasta en Finlandia, cerca de la frontera rusa. He fallado solamente tres días, por temas de agenda, por salud o por necesitar descanso. Pero mi escenario habitual ha sido el paseo del muelle de las Arenas, desde el Puente Colgante hasta el Puerto Viejo de Algorta, y de noche.

He entrenado a horas intempestivas -para mí- como a las 7 de la mañana (que serían en realidad las 6 si contamos la diferencia horaria). He corrido tras haber dormido sólo 5 horas, por no querer perderme alguna cena la víspera con los amigos. He salido a correr a las 10 y media de la noche, cruzándome solamente con quienes pasean a sus perros a esas horas. He corrido de noche por la playa bajo la luz de la luna, sin ver el suelo que pisaba y guiándome por las luces lejanas.

Ha estado bien. Pero, la verdad sea dicha, estoy deseando que llegue el día para descansar un poco y dejar atrás todo este ajetreo.


He mirado el tiempo para el domingo y parece que justo empieza el invierno ese día: viento fuerte, frío y chaparrones. Qué pena, pero habrá que poner al mal tiempo buena cara. El problema, aparte de la molestia del viento, es la lluvia. ¿Llevo chubasquero? Y si no llueve casi, ¿me asfixio con él o me lo pongo a la cintura? Cuatro horas son muchas para llevarlo de sobra.

Mi hermano Zigor correrá conmigo, no sé seguro si porque se apiada de mí y no quiere dejarme sólo o porque de verdad le apetece correr más despacio esta vez -tiene una marca de 3:15 en una de las varias maratones que ha corrido. Es curioso, ahora que lo pienso, parece que hace de hermano mayor conmigo en esto de correr. Empecé a correr cuando el ya llevaba varias Behobias, para ver qué era eso que tanto le gustaba. Yo siempre había corrido como entrenamiento para otras cosas -bueno, fútbol y fútbol sala, no nos engañemos- no correr para correr.

La idea es salir suave, como para terminar por encima de las cuatro horas, y a partir de la mitad de carrera ya veremos si me quedan ganas de apretar. Mi colega Alex me pregunta si voy a batir su record de 4 horas, en la última maratón nocturna de Bilbao. Le he dicho que no se preocupe, que es mi primera maraton y que he entrenado con el objetivo de acabar. Ésa era, al menos, la intención inicial. Aunque, en realidad, en mi fuero interno, y tras las últimas pruebas, sí pienso que voy a bajar de ese tiempo.

En el libro se insiste en no cambiar de objetivo, en no marcarse tiempos. Incluso se recomienda no llevar cronómetro, consejo al que no voy a hacer caso, por supuesto. Claro que, bien mirado, he entrenado un poquito más largo que el plan marcado, y he introducido algunas series aquí y allá, que en el libro no estaban tampoco. Y además, para acabar en 4 horas basta ir a 5:40 minutos el kilómetro, que tampoco me parece tan rápido. Así que...¿quien sabe?

lunes, 16 de noviembre de 2009

Semana 13/16: La última de las GRANDES


Así es como la titula mi libro de entrenamiento. Se refiere, claro está, a la distancia a cubrir el domingo, que es grande. Pero grande, grande. Concretamente 29 Km.

Yo, para redondearla y, porque en otros planes recomiendan pasar de los 30 un par de veces al menos, me propuse correr 30 Km, ni más, ni menos. Y lo de última viene a reflejar que es la semana a partir de la cual la distancia de entrenamiento va bajando poco a poco, hasta llegar al día de la maratón.

Pues en mi caso no sólo va ser la última, sino que es la primera de esa magnitud (la semana pasada no me encontraba con la salud y fuerza necesarias para correr los 30 Km que me correspondían, así que acorté el entrenamiento dominical a sólo dos horas. Pero ésa es otra historia)

Será casualidad, pero hace poco me encontré, mientras hacía la compra, el libro "El día D" de Antony Beevor, sobre el desembarco de Normandía (también conocido como "el día más largo", esta semana va de largos). Me quedé con las ganas de comprarlo, pero ya caerá.


Esta semana sigo con mis problemas de salud. No tengo fiebre, pero el catarro y la fuerte tos no me abandonan. Es la segunda semana que me siento así de flojo. Incluso dejo lunes y martes de descanso, a ver si para el miércoles estoy mejor, pero nada.

Día 1: Corriendo por la orilla del Sena

Resulta que el miercoles amanezco en París para una reunión del proyecto Vitalas, y no puedo retrasar más los entrenamientos. Así que la noche anterior planifico el recorrido -de unos 8 Km- partiendo del hotel. Como no veo un parque lo suficientemente grande y cercano, pienso en salir desde la Place de l'Italie directamente hacia el Sena, y por allí espero correr más tranquilo que por las aceras.

La noche anterior tuvimos una cena -mitad trabajo, mitad placer- pero nos retiramos a una hora prudencial para poder descansar. Tanto mi compañera de viaje como yo andábamos justos de salud, y nos pasamos la cena tosiendo (recuerdo que estamos en la época de la gripe A, y varios compañeros habían estado ya de baja...).

Total, que para las 7:30 estaba yo corriendo por las aceras. Gente, tráfico, pasos de cebra, semáforos...no es el entorno ideal para entrenar, pero bueno. Una vez llego al río, la cosa mejora. Encuentro paseos poe debajo del nivel de las calles, que son peatonales, Sigo a algunos corricalaris que me encuentro, y me llevan sin darme cuenta hasta que veo la catedral de Notre Dame enfrente. Quisiera seguir, pero he pasado ya la mitad del tiempo previsto, y tengo que volver a toda prisa. Entonces me doy cuenta que la ida era más bien cuesta abajo, así que finalmente llego al hotel justito de tiempo...y de aliento. ¿La reunión? bien, gracias.

Día 2

Al día siguiente, ya en casa, me tocan los 12Km de rigor. Intento hacer un entrenamiento más intenso que el mero trote, a pesar de no estar del todo bien de salud. Tras calentar media hora, hago una serie de 1Km + 2Km + 2 Km, desde 5'30'' hasta 5'. (Todo ello aproximadamente, porque en el paseo de Las Arenas no están marcados los Km, pero de tanto pasar por allí y gracias a Google Maps me los conozco un poco)

Día 3

Decido cancelar el entrenamiento del viernes. Y van dos en dos semanas. Espero que sea para bien (seguro que, al menos, mi cuerpo me lo agradece)

Día 4

Hoy es el dia en que se corre la Behobia, carrera popular histórica donde las haya. Tanto que se corre ya la edición número 31, creo. "La behobia-San Sebastián es más que una carrera" como reza en su web. Varios colegas y amigos la van a correr hoy. Serán parte de los más de 18.000 atletas inscritos, que se dice pronto (basta compararla con la multitudinaria Herri Krosa, en la que correrán 7.700, siendo el recorrido de 10 Km, la mitad de la Behobia). Yo no, dadas las circunstancias, perfiero entrenar largo este fin de semana, ya que la pasada no pude. A última hora me ofrecieron un dorsal, pero solamente pensar en la organización, el transporte y demás lo descarté. Aunque todavía, desde que la corrí hace unos años, la verdad es que me tira. Mi hermano acabará haciendo hoy 1:25, y eso quejándose lo mal que lo pasó por el viento...sin comentarios.




Yo a lo mío. El plan es ir desde Algorta hasta Bilbao por la ría. Concretamente hasta el Zubi-zuri. Hace un día de perros, viento sur muy fuerte y lluvia a ratos. Salgo de casa antes de las 10. En el paseo del muelle primera parada obligada. Voy corriendo y veo el agua del puerto como rara, agitada a lo lejos, mientras cerca está en calma. No se ve la orilla opuesta. "Viene una tormenta" pienso, pero sigo corriendo. Hasta que me llegan las primeras ráfagas de viento y veo cómo llega una cortina de agua -es una expresión muy socorrida, pero esta vez la ví de verdad con mis propios ojos- hacia mí. Me da tiempo justo para guarecerme en el paso subterráneo, a Dios gracias. Tres minutos después despeja y sigo.

Aunque voy suave, suave, las pulsaciones van más áltas de lo normal (ayer fuí al médico porque tuve fiebre el día enterior, el catarro me acompaña todavía). Voy más lento que la vez anterior. Me quito y me pongo el chubasquero varias veces según pasan las rachas de lluvia. Me cruzo con corredores que me suenan de otros domingos. Un señor mayor, que corre siempre en mangas -y hoy no es excepción porque lleva un chaleco para la lluvia- me grita desde el otro arcén, señalando el cielo "¡es una nube!", como quitando importancia al mal tiempo. El viento sube por la ría, como yo, me da de espaldas. Llego al puente en 1:30, no está mal, me digo. Bebo un poco, estiro. Miro la hora, me doy cuenta que la Behobia ha empezado hace un cuarto de hora. Allá vamos, Zigor.

La vuelta va ser otra cosa. El viento en contra. Me cuesta avanzar. Al pasar las dos horas de entrenamiento paro alguna que otra vez, para ponerme el chubasqueo, para beber, simplemente para parar. Pienso si hacer uso del billete de cinco euros que llevo en el bolsillo, y repaso las estaciones de metro cercanas a mi ruta. Llego a pensar "de las Arenas no paso". Estoy realmente muy cansado al llegar al puente colgante, pero la estación está tan lejos...Una tormenta terrrible me hace resguardarme en un portal. Me alegro de haberme decidido por los culottes largos hoy. Incluso paso algo de frío, esperando que pare la lluvia, allí sentado, tosiendo. Finalmente sigo corriendo (es un decir) hasta casa. Llego tras tres horas y tres minutos de correr.

Nunca en mi vida he corrido tanto, ni he acabado tan cansado. Me entra un poco de miedo ante la maratón. De verdad que hoy era uno de los grandes.